Uno de los errores más recurrentes del pueblo de Israel fue olvidarse del Libro. La Biblia, inspirada por Dios, fue escrita desde los tiempos de Moisés para que los hombres de Dios y Su pueblo pudieran ser guiados por sus palabras. No hay situación de la vida que no tenga un principio, un consejo o una advertencia ya escrita en sus páginas.
“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” – 2 Timoteo 3:16-17
Si hay algo en esta tierra que no ha sido mencionado en la Palabra, es porque no proviene de Dios, sino del hombre. Este descuido no es exclusivo del Israel antiguo; incluso hoy, los mismos cristianos luchan constantemente con el hecho de no olvidar el Libro.
En 2 Reyes 22:11, cuando el joven rey Josías, que comenzó su reinado a los ocho años, escuchó por primera vez las palabras del Libro de la Ley, rasgó sus vestiduras. Esta fue una señal de profundo dolor y convicción, porque pudo reconocer el gran pecado de idolatría en el que había caído el pueblo, impulsado por las generaciones anteriores. Se dio cuenta de que la nación que tenía delante no se parecía en nada al reino glorioso que Dios había establecido a través de su antepasado David.
“E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, y anduvo en todo el camino de David su padre, sin apartarse a derecha ni a izquierda.” – 2 Reyes 22:2
Josías reinó durante 31 años y, durante todo ese tiempo, se mantuvo firme en obedecer la Palabra de Dios. Su ejemplo nos confronta: ¿acaso nosotros también consultamos la Palabra solo cuando nos conviene? ¿Solo recitamos las promesas bonitas, pero evitamos las exigencias que las anteceden?
Recordemos: la Biblia no es un buffet donde tomamos lo que nos agrada y desechamos el resto. Toda la Escritura es veraz y ha sido dada con un propósito divino: enseñar, transformar, redargüir, edificar.
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” – Hebreos 4:12
Reflexión Final
Recuerda el Libro. Tráelo delante de ti. Escudriña sus palabras. Hazlo parte de tu vida diaria. Permite que el poder de Dios venga sobre ti y te impulse a hacer lo correcto, a derribar todo lo que ha impedido tu avance por el camino del bien.
Que no se aparte de ti este libro de la ley, sino que de día y de noche medites en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. – Josué 1:8

