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1. Un Entorno Caótico, Ayer y Hoy

Cuando leemos 2 Crónicas 15:5–7, nos encontramos con una situación bastante difícil para el pueblo:

“En aquellos tiempos, no hubo paz ni para el que entraba ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habitantes de aquellas tierras. Y una gente destruía a otra, y una ciudad a otra, porque Dios los turbó con toda clase de calamidades. Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, porque hay recompensa para vuestra obra.”

En este pasaje, vemos que la nación estaba sumida en conflictos, sin paz alguna para viajar o vivir tranquilos. Era un tiempo caótico, donde la violencia y la confusión reinaban. Sin embargo, en medio de esa situación, la Palabra de Dios trae una exhortación y una promesa: “Esforzaos y no desfallezcan vuestras manos, porque hay recompensa para vuestra obra.”

Hoy en día, muchos vivimos situaciones similares. Tal vez no es una guerra literal, pero hay conflictos en nuestras familias, en nuestro trabajo, en nuestro entorno social o incluso en nuestra propia mente. El estrés, la incertidumbre económica, las divisiones o crisis emocionales pueden crear un ambiente caótico. No obstante, Dios quiere recordarnos que la paz proviene de Él y habita en nuestro interior, si estamos anclados en Su presencia.

2. La Importancia de lo que Llevamos Dentro

A veces, nos enfocamos tanto en arreglar el exterior —nuestras circunstancias— que olvidamos que la verdadera paz tiene que ver con lo que hay en el interior de nuestro corazón. Jesús, en Juan 16:33, nos advirtió:

“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”

Con estas palabras, el Señor nos enseña que la aflicción en este mundo es inevitable, pero también nos da la clave para vivir tranquilos en medio del caos: confiar en que Él ya ha vencido todo mal. Cuando confiamos en Jesús, esa victoria se hace real en nuestros corazones, y podemos tener paz.

Lo vemos también en Isaías 26:3:

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”

Dios promete guardarnos en perfecta paz si fijamos la mente y el corazón en Él, no en las tormentas de la vida.

3. No Dejes que las Circunstancias Te Quiebren

En 2 Crónicas 15:7, leemos que, a pesar de la situación hostil que el pueblo vivía, Dios los llama a esforzarse y a no desfallecer, prometiéndoles que tendrían recompensa. No está diciendo que la recompensa llegue automáticamente sin que hagamos nada; implica que caminemos con fe, con perseverancia, sabiendo que al final de nuestro esfuerzo por mantener la fe, Dios responde.

Como pastora, con más de doce años de experiencia en el servicio, he visto a muchas personas atravesar pruebas intensas—enfermedades, crisis familiares, pérdidas económicas—y, sin embargo, salir victoriosas porque decidieron aferrarse a las promesas de Dios en lugar de aferrarse al problema.

4. La Fortaleza Viene de la Presencia de Dios

La Biblia nos habla de un principio transformador: cuando permitimos que la presencia de Dios llene nuestro interior, las tormentas externas no pueden sacudirnos con la misma intensidad. El salmista lo expresó en el Salmo 46:1–2:

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos…”

Si confiamos en nuestra fuerza humana, caeremos. Pero si buscamos a Dios, encontramos un refugio sólido que el caos exterior no puede quebrar.

5. Prácticas para Cultivar Paz Interior

  • Oración y Meditación en la Palabra: Dedicar tiempo a estar a solas con Dios. No es un lujo, es una necesidad. A través de la oración, descargamos nuestras ansiedades y recibimos paz (Filipenses 4:6–7).
  • Rodearte de Gente de Fe: Busca la comunión con hermanos y hermanas en Cristo que te edifiquen y te animen. En tiempos caóticos, la unidad y el apoyo mutuo hacen toda la diferencia.
  • Confiar en que Dios está al Control: Repite en tu corazón las promesas de Dios. Habla con fe. Declara que Él es tu proveedor, tu sanador y tu protector.
  • Reflexiona en tu Interior: Pregúntate: “¿Estoy alimentando mi mente con noticias y situaciones que me roban la paz, o con la Verdad de Dios?” Recuerda que lo que alimentas en tu mente, define la fortaleza de tu corazón.

6. Conclusión: Levántate con Fe

Hermanos y hermanas, “Cómo vivir tranquilo en un entorno caótico” no es un lema que ignore la realidad de la vida. Más bien, es una invitación a poner nuestra mirada en Dios, confiando en que Él cuida de nosotros y que, aun en las peores circunstancias, nuestra alma puede descansar en Su presencia.

Tal como nos dice 2 Crónicas 15:7:

“Mas esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, porque hay recompensa para vuestra obra.”

Dios ve tu esfuerzo, tu fe, tu perseverancia. Él no es ciego a tu dolor ni a tus luchas. Al final de esta prueba, te espera la recompensa de la paz, la victoria y la madurez espiritual.

¡No bajes los brazos! Levántate y decide hoy anclar tu mente y tu corazón en Dios. Permite que Su fuerza interior eclipse cualquier caos externo. Recuerda: más importante que el entorno es lo que hay dentro de ti. Y si Cristo habita dentro de ti, nada podrá derribarte.

Oremos:
“Señor, te agradecemos porque, aun en medio de las tempestades de la vida, Tú eres nuestra paz. Ayúdanos a creer en tus promesas, a esforzarnos sin desfallecer y a recordar que nuestra victoria no depende de las circunstancias, sino de Ti. Guarda nuestro corazón y nuestra mente en perfecta calma, mientras caminamos de la mano contigo. En el nombre de Jesús, amén.”