En este momento estás viendo Actitudes de un hombre que arruina su matrimonio

El matrimonio es un pacto sagrado instituido por Dios, y como tal, requiere un compromiso de obediencia a los principios establecidos en Su Palabra. Sin embargo, muchas veces, los problemas en el matrimonio no surgen de grandes traiciones, sino de pequeñas actitudes y patrones erróneos que van minando la relación. En este artículo, exploraremos algunas de estas actitudes, basándonos en Deuteronomio capítulos 28 y 29, donde se describe cómo la obediencia a Dios trae bendiciones, mientras que la desobediencia trae consecuencias negativas. Además, abordaremos cómo evitar estas conductas y transformar nuestro matrimonio para vivir en bendición.

1. Desobediencia a los principios de Dios

Deuteronomio 28:1-2 dice:
“Si escuchas atentamente la voz del Señor tu Dios, y cumples cuidadosamente todos sus mandamientos que hoy te ordeno, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones y te alcanzarán, si escuchas la voz del Señor tu Dios.”

Un hombre que no pone a Dios en el centro de su vida y de su matrimonio se aleja de las bendiciones que Dios ha prometido. La desobediencia a los mandamientos de Dios, como amar, honrar y ser líder espiritual en el hogar, abre puertas a conflictos, rencores y falta de unidad.
Solución: Busca a Dios diariamente en oración y a través de Su Palabra. Sé ejemplo para tu esposa y familia de lo que significa ser un hombre conforme al corazón de Dios.

2. Falta de comunicación y desinterés

Una de las actitudes más comunes que destruyen matrimonios es la falta de interés en las necesidades emocionales de la esposa. Esto se refleja en no escuchar, no expresar amor y dejar de compartir momentos de calidad juntos.
Proverbios 18:13 nos recuerda: “Responder antes de escuchar es necedad y vergüenza.”

Solución: Dedica tiempo para escuchar activamente a tu esposa. Haz preguntas sobre cómo se siente, cuáles son sus sueños y preocupaciones. Valida sus emociones y trabaja juntos en soluciones.

3. Orgullo y falta de humildad

El orgullo es uno de los mayores enemigos de cualquier relación. En el matrimonio, se manifiesta cuando un hombre no está dispuesto a admitir sus errores, pedir perdón o ceder en momentos de conflicto. La falta de humildad crea una barrera que dificulta la reconciliación.

Deuteronomio 29:19 advierte sobre aquellos que tienen un corazón endurecido y dicen: “Todo estará bien, aunque siga los dictados de mi propio corazón.”

Solución: Reconoce que la humildad no es debilidad, sino una fortaleza. Aprende a decir “lo siento” y a buscar el perdón cuando sea necesario. Permite que el Espíritu Santo moldee tu carácter.

4. Negligencia espiritual

Dios ha llamado al hombre a ser el sacerdote del hogar, pero muchos hombres abandonan esta responsabilidad, dejando a sus esposas cargando con la tarea espiritual de la familia. La falta de oración, de lectura de la Biblia y de liderazgo espiritual afecta la relación no solo con Dios, sino también con la esposa y los hijos.

Efesios 5:23 nos enseña: “Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia.” Esto no significa dominar, sino liderar con amor, cuidado y propósito.

Solución: Toma tu lugar como líder espiritual en el hogar. Ora con tu esposa, lee la Biblia juntos y guíala hacia una relación más cercana con Dios.

5. Permitir influencias externas

Deuteronomio 29:18 advierte sobre aquellos que se desvían del camino correcto por influencias externas: “Que no haya entre ustedes hombres o mujeres cuya mente se aparte del Señor nuestro Dios para servir a dioses ajenos.”

En el contexto actual, esto puede aplicarse a malas amistades, adicciones, redes sociales, o incluso el trabajo que desplaza a la familia. Estas influencias pueden llevar al hombre a descuidar a su esposa y sus responsabilidades matrimoniales.

Solución: Examina qué o quién está ocupando un lugar indebido en tu vida. Pide al Señor sabiduría para discernir y fuerza para cortar cualquier influencia que esté afectando tu matrimonio.

Cierra las puertas al enemigo

Cuando un hombre permite que estas actitudes persistan, está abriendo brechas por donde el enemigo puede infiltrarse en su matrimonio. Efesios 4:26-27 nos dice: “No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar al diablo.” Es vital resolver los conflictos de manera rápida y saludable, evitando que las raíces de amargura crezcan.

Si has identificado alguna de estas actitudes en tu vida, no es tarde para cambiar. Dios es un Dios de restauración, y Él desea bendecir tu matrimonio. Comienza hoy con pequeños pasos: pide perdón a tu esposa, reconcilia cualquier diferencia y comprométete a vivir bajo los principios de Su Palabra.

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